miércoles, 16 de julio de 2014

Zona de confort e incomodidad



La incomodidad y la zona de confort.



Todos tenemos una zona de confort, que es un sitio donde tú (y tu mente) estás cómodo. Comes la comida que te gusta, te amparas en la rutina de todos los días… Tú (y yo, y todo el mundo) te has creado tu propia zona. 


Estar en la zona de confort parece muy cómodo al principio pero a la larga es una fuente de infelicidad. Nos estancamos ahí y no crecemos, no perseguimos nuestros sueños ni nuestras metas. También es cierto que nuestra educación nos condiciona, pues anda que nos han repetido ese refrán de “más vale malo conocido que bueno por conocer”.


El problema es cuando te quedas en tu zona de confort, quieres hacer cosas nuevas pero la idea de salir de ahí te asusta. Quieres cambiar de trabajo, pero no miras ofertas nuevas. Te gustaría comer sano, pero no te habitúas al sabor de nuevos alimentos, quieres ir hacer deporte pero no te acostumbras al cansancio de ejercitar a tu cuerpo más de lo normal.

Voilà, ahí tenemos una conocida: la Incomodidad. Cuando queremos expandir nuestra zona de confort, pero la Sra. Incomodidad, aliada número uno de nuestro Ego nos escamotea nuestros logros. 


Salir de la zona de confort no significa dejar todo de repente y dar un salto al vacío sin red. Es ir cambiando poco a poco de hábitos, expandir la zona de confort. Pero después de un tiempo volvemos al punto de partida. Hay pequeños trucos para expandirla. Os contaré cómo lo hice yo.


Poco a poco


Roma no se fundó en una hora y todo lleva su proceso. Queremos ir tan rápido que perdemos  el fuelle enseguida. Para evitar eso, hay que aprender a dosifica fuerzas.

Soy una lectora empedernida, más bien compulsiva. Y también me gustan mucho las series americanas y canadienses (Continuum y Rookie Blue tienen la culpa). La literatura anglosajona me encanta.


 Llevaba fatal esperar a las traducciones, así que empecé a leer en inglés. Con mucha determinación cogí mi oxidado inglés y me puse manos a la obra. Al principio era incómodo, mucho, pues usar el diccionario cada tres líneas  y tardar un siglo en leerte un librito. Las tentaciones de abandonar eran enormes. Todos los días leía un un rato y de forma paulatina, el uso del diccionario fue disminuyendo. 


Con las series me ponía veinte minutos con subtítulos en inglés hasta que fui haciendo oído.  Cuando pude engancharme a series antes que las doblasen sentí que mi esfuerzo valió para algo.


Probando cosas nuevas


Odio las verduras, a muerte. Siempre decía que el verde es para el burro. El olor a vinagre me da un asco tremendo, por lo que comer ensaladas estaba totalmente descartado. Hace años me hubieran dicho que comería una ensalada voluntariamente, me habría reído a carcajada limpia.


¿Truco? Ir poco a poco probando cosas nuevas. Ahora me como mis ensaladas pero aún no he sido capaz de acostumbrarme al sabor del vinagre. Pero me las aliño con limón, salsa rosa, mayonesa… Cada día una diferente para no cansarme.


De una


Es la que menos recomendaría aunque Homo Mínimus dice que le sirvió para dejar el azúcar y los edulcorantes en infusiones. Yo lo probé y también lo conseguí. Me tomo el té sin edulcorante y estoy aprendiendo a apreciarlo.

Ampliar mi zona de confort me ayudó a sentirme mejor y a aumentar mi autoestima. ¿Te unes al reto?

2 comentarios:

  1. Me encanta esta entrada.

    No me gusta la gente que se anda quejando de cosas que son (relativamente) fáciles de cambiar pero no hace nada por conseguirlo.

    Yo he dejado de fumar, tomo el café y el té sin azúcar (los edulcorantes nunca me han gustado) porque aprecio el verdadero sabor de estas infusiones, he conseguido la talla que siempre he querido y que nunca había tenido porque no escuchaba más que "es que tú eres ancha de caderas...", he cogido el hábito de hacer deporte de manera regular...

    Me siento orgullosa por no escuchar a los derrotistas que no quieren que intentes nada porque están frustrados porque ellos no quieren intentar cambiar nada en su vida por cómodos.

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